Dorcas, la decidida

Dorcas es una vaca que se mueve como si conociera cada piedra del prado.
Su paso es lento, decidido, y parece entender el peso de las estaciones. Cuando pasta lo hace con toda la gratitud del mundo, cosa que me encanta observar.
Según la observo pastar, día a día, mi cabeza también «pasta», y he llegado a la conclusión de que algo ha cambiado en nosotros, los que trabajamos la tierra y los que elegís lo que compráis.
La abundancia ya no se mide por cantidad, sino por sentido.
Cada vez más personas buscan productos que no solo sean bellos o útiles, sino que cuenten una historia de coherencia: de respeto por el medio.
Esta tendencia —que ya no es moda, sino un cambio profundo— está transformando la manera en que entendemos el consumo. Las fibras sostenibles y los alimentos éticos no son lujos, son respuestas. Respuestas a un modo de vida que pide reconexión.
Y esta reconexión tiene un impacto medible: ¿sabías que, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), los sistemas ganaderos extensivos y bien gestionados —como los pastos donde pace Dorcas— no solo permiten el bienestar animal, sino que pueden mejorar la biodiversidad y secuestrar carbono en el suelo? Cada elección por una lana o un alimento de origen ético es un voto por este ciclo virtuoso, donde el cuidado del animal y la salud de la tierra son dos caras de la misma moneda.
Aquí, en El Camino, esa reconexión se traduce en cosas muy concretas: fibras que nacen sin crueldad, animales criados con respeto y productos que invitan a conocer de dónde vienen.
Por eso hoy quiero recordarte que aún quedan algunos kits Know Your Sheep. Son una invitación a detenerte, a observar el ciclo completo: desde la oveja hasta el hilo, desde la mano que esquila hasta la que teje. En cada kit hay una pequeña lección sobre la raza, creo que saber lo que consumimos es una manera de participar activamente en esa nueva economía del cuidado.
Y ya que hablamos de lana…
Ya que os he contado cosas poéticas y económicas (si… vender ovillos es lo que sostiene este proyecto chicuela/o)
Esta semana pre-BKF (si vas espero lo pases genial) en redes se han hablado muchas cosas sobre la lana de origen español, entre ello mi reel de 20 min en el que te meto una chapa interesante.
La lana no es lana, esto te lo he repetido hasta la saciedad, cada raza lanera te va a aportar un algo especial para tu proyecto, ahora bien, dicho esto…
Es guay exponer ideas, es guay debatir, es guay dar valor a lo que haces… lo que no es guay es recortar información, desinformar, tergiversar o directamente no leer y contestar lo que te sale en ese momento…
Tenemos 13.476.30 ovejas en España (datos 2024), 71.1% son razas cárnicas, aproximadamente 24.3% son razas lecheras y menos del 5% son rebaños destinados para una producción de lana de calidad.
Desde 2020 nuestros rebaños van en disminución ya que no es negocio, viendo estos datos (un poco pesimistas la verdad) creo que no es difícil comprender que la producción de lo que se espera en cantidad para llegar a mercado pues… no da. Sumado a que de cada kg de lana una media de un 50% del peso se pierde por pelos primarios, grasa, suciedad, etc, y que cada vez hay menos lavaderos o molinos… es cada vez mas complicado.
Ahora bien, la lana española durante muchos años no ha buscado ser comercial, era para una subsistencia familiar y muchas de nuestras razas son fieles a sus orígenes, que me parece maravilloso, pero aquí es donde se han mezclado literalmente churras con merinas.
¿Por qué cuando alguien pone encima de la mesa este panorama tiene que recibir tanto odio?
¿Por qué vemos todos (o casi todos) con tanta envidia como funciona el mundo del tejido en los países del norte y no somos capaces de recibir una autocritica que nos afecta a todos?
Nunca vas a escuchar a un tejedor/a del norte quejándose que una raza de su país «pica» ¿la razón? han invertido tiempo en conocer sus razas, mejorarlas y hacer algo que respeta las características de cada raza pero que es viable que estén en mercado varias de sus razas… y si no ha sido posible literalmente no la usan para hilo.
La lana tiene cientos de usos distintos, pretender que todo puede ser hilo y llorar y quejarse cuando hay lana que se entierra es enterrarnos a nosotros también, demuestra que no comprendemos realmente como funcionan nuestros materiales, por lo tanto nunca le daremos el valor que merece, ya que lo que no es viable para hilo y lo que si se usa van a converger en mercado, alimentando así muchos de los mitos y bulos que rodean este material que a todos nos encanta.
Me sorprende que se exponga este problema y muchos de los que contestan «disgustados» a esta publicación son los mismos que tras bambalinas se quejan de que no hay lavaderos, ni molinos, de que les cuesta entrar en mercado ya que para muchos sus madejas no son tan gustosas como las comerciales o que les cuesta la vida encontrar un rebaño decente para su producción y sus hilos.
Ahora bien, dicho esto… tenemos dos opciones, ambas completamente aceptables y razonables, pero no puede haber un entre medias, ahí es cuando nos hundimos como barco.
Primera opción: seguimos llorando sobre lo perdido, proyectos enteros que se basen en esta idea (cosa completamente aceptable) y no evolucionamos, nos quedamos en esa añoranza
Segunda opción: ponemos encima de la mesa problemas, razas, lanas, soluciones… hacemos un estudio real de lo que tenemos en casa, invertimos tiempo, esfuerzo y dinero, vamos mejorándolo todo hasta llegar a un punto en un futuro no muy lejano en el que nadie (fuera de pieles sensibles, cada piel es un mundo) pueda decir «la lana de x raza lanera española pica». Siendo fieles a cada raza pero las que se pueden desarrollar hacia algo maravilloso apostar fuerte por ellas.
Personalmente quiero la segunda opción, nos enriquece a todos, nos vuelve a poner en el punto de mira…
Pero para ello toca quitar la alfombra y ver el polvo que hay debajo…
Gracias, como siempre, por leerme, aguantar mis chapas, reflexiones y resultados de mi cabeza «pastando».
A los Mecenas que sostienen este proyecto: vuestra confianza es lo que permite que mis animales sigan caminando entre los prados sin prisa, recordándonos que la abundancia ética aún es posible.
